El dolor crónico afecta a millones de trabajadores en todo el mundo y constituye una de las principales causas de baja laboral, pérdida de productividad y deterioro de la calidad de vida. A diferencia del dolor agudo, el dolor crónico persiste durante más de tres meses, y puede estar relacionado con trastornos musculoesqueléticos, lesiones repetitivas, estrés o enfermedades crónicas. Hoy, en Novagés, hablamos sobre el impacto del dolor crónico en el trabajo.

Impacto del dolor crónico en el trabajo

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el dolor crónico es una enfermedad en sí misma cuando no puede atribuirse directamente a otra condición subyacente.

Puede ser primario o secundario. El primario no tiene una causa identificable clara (como el dolor lumbar crónico o la fibromialgia). Por su parte, el secundario, está asociado a enfermedades como la artritis, el cáncer, neuropatías o lesiones persistentes.

Este tipo de dolor puede alterar el sueño, el estado de ánimo y la concentración, impactando directamente en el rendimiento laboral y la capacidad funcional de la persona.

Impacto del dolor crónico en el entorno laboral

El dolor crónico representa una carga importante para empresas y sistemas de salud.

Por un lado, aumenta el absentismo laboral. Muchos trabajadores con dolor crónico requieren bajas repetidas o prolongadas.

Por otro lado, en el caso del presentismo, el empleado acude al trabajo, pero rinde por debajo de sus capacidades debido al dolor.

Además, baja la productividad. Según la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA), los trastornos musculoesqueléticos, estrechamente relacionados con el dolor crónico, son responsables de casi el 60% de las enfermedades laborales en Europa.

Todo ello sin olvidar el impacto económico del dolor crónico, que incluye costes sanitarios, pérdida de productividad y prestaciones por incapacidad.

Así, en sectores como la construcción, la logística, la limpieza o el trabajo de oficina, la postura mantenida, los movimientos repetitivos o la carga física excesiva contribuyen a la aparición de dolor crónico, especialmente en la espalda, cuello, hombros y extremidades.

Prevención del dolor crónico en el trabajo

Las estrategias preventivas deben centrarse en la identificación temprana de factores de riesgo y la adaptación del entorno laboral.

Una de las medidas clave es la ergonomía, adaptando los puestos de trabajo para reducir cargas físicas. Ejemplos claros incluyen sillas ajustables, pantallas a la altura correcta, superficies de trabajo adaptadas o sistemas de ayuda al levantamiento de cargas.

Otra opción es fomentar las pausas activas, descansos regulares y ejercicios de estiramiento durante la jornada.

No podemos olvidar algo clave: la formación del personal en PRL. Enseñar técnicas adecuadas de levantamiento, movilidad articular, higiene postural y ergonomía digital.

Además, cuando sea posible, se deben ajustar las tareas o distribuirlas para evitar sobrecargas físicas repetitivas.

Por último, hay que hablar del impacto del dolor crónico en el trabajo a nivel psicoemocional. El estrés, la ansiedad o la sobrecarga emocional también pueden contribuir al dolor crónico. Es importante detectar y abordar estos factores desde los departamentos de prevención.

Tratamiento y abordaje del impacto del dolor crónico en el trabajo

El manejo del dolor crónico debe ser multidisciplinar e individualizado.

Algunas estrategias recomendadas por profesionales de la salud incluyen la atención médica temprana: acudir a fisioterapia, medicina del trabajo o unidades especializadas en dolor puede evitar la cronificación.

También la fisioterapia activa y las terapias complementarias pueden ser clave para evitar recaídas y favorecer una reincorporación progresiva al trabajo.

A su vez, el soporte psicológico puede tratar ansiedad, estrés o depresión, que suelen aparecer en estos cuadros de dolor crónico.