Según la Organización Mundial de la Salud, la salud y el bienestar de las personas depende en gran medida del aire que respiramos. Por eso, además de la ergonomía, es de vital importancia cuidar la calidad del aire en las oficinas.

La calidad del aire en las oficinas

Hoy en día, muchos de los trabajos se desarrollan en oficinas, lo que implica pasar de media 8 horas al día en un espacio cerrado. Por tal motivo, garantizar la calidad del aire en las oficinas es fundamental para salvaguardar la salud de los trabajadores.

Esta calidad se refiere tanto a las posibles sustancias presentes en el ambiente, como a condiciones ambientales óptimas de temperatura y humedad.

Efectos nocivos del aire de mala calidad

Respirar aire con sustancias inadecuadas puede conllevar consecuencias negativas a nivel físico y psicológico.

En el plano físico, respirar aire viciado puede generar malestar general, dolor de cabeza, problemas en las vías respiratorias, tos, dolor de garganta, náuseas, sequedad e irritación en los ojos, lagrimeo excesivo, picor y enrojecimiento de la piel.

A nivel psicológico, puede provocar irritación, falta de concentración, bajada de la productividad y ansiedad. Se estima que la mala calidad del aire puede conllevar una caída de hasta el 25% en la productividad de los trabajadores.

Qué sustancias nocivas puede contener el aire del trabajo

De forma general, es importante mantener una humedad relativa de entre el 30% y el 70%, aunque en ambientes con mucha electricidad estática, el porcentaje oscila entre el 50 y el 70% de humedad.

Una humedad más baja conllevará un ambiente de trabajo seco. Por contra, si se concentra excesiva humedad, puede favorecer la proliferación de bacterias, hongos y moho.

Otro aspecto a tener en cuenta es la temperatura del lugar de trabajo, que debe oscilar entre los 17 y 27ºC para trabajos sedentarios y entre 14 y 25ºC en aquellos ligeros.

Por otro lado, analizando el aire del espacio de trabajo es frecuente encontrar sustancias alérgenas, como el polen, especialmente cerca de parques, árboles y en épocas como la primavera.

También merma la calidad del aire los restos de sustancias químicas, como son los productos de limpieza, pintura, incluso restos de amianto.

Finalmente, determinados gases pueden concentrarse en el ambiente, siendo peligrosos para la salud. Es el caso del monóxido de carbono, el radón o el dióxido de nitrógeno.

Cómo mejorar la calidad del aire en las oficinas

Lo ideal sería poder disfrutar de una buena ventilación natural para poder abrir puertas y/o ventanas al menos durante 5-10 minutos al día. Es la forma más rápida de renovar el aire.

La ventilación mecánica puede ser una buena solución para los lugares que no se pueden ventilar de manera natural, como oficinas de grandes edificios donde no se puede abrir las ventanas, o locales con mucha contaminación alrededor.

Otro punto a revisar es la climatización del local. En caso de utilizar aparatos eléctricos para ello, deben revisarse y limpiarse frecuentemente los filtros de aire. Si se trata de radiadores convencionales, se deben limpiar para evitar la acumulación y dispersión de polvo y otras partículas.

Por último, es recomendable optar por mobiliario, textiles y decoración que no contengan ni desprendan sustancias potencialmente nocivas para los empleados.

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